
Los antiguos indios americanos se rapaban la cabeza y enterraban el pelo para depurarse de su pasado y poder vivir el presente. Ojalá fuera así de fácil.
Intentamos vivir cada momento intensamente. Disfrutando de lo que tenemos. Pero en algun momento pasa algo y eso a lo que no le hubieramos dado importancia empieza a perseguirnos y no nos deja disfrutar.
Inentamos esconderlo, hacer como si no existiera y ese fenómeno que desencadenó nuestra situación actual se repite. Pero nosotros seguimos tragando, como si fueramos el váter. Tragamos, tragamos, tragamos y tragamos. Entre trago y trago seguimos disimulando como si no existiera eso que nos incomoda.
Pero llega un momento en el que el váter ya no traga más y se atasca. Entonces es como si fuera a explotar. Todos nosotros somos como el váter. Tragamos nuestra mierda y también la de los demás. Déjamos de ser váteres para ser volcanes a punto de entrar en erupción.

Cuando estamos saturados la erupción es evidente. Pero hay una forma de detenerlo. Consiste en hablar. Dejar de tragar y hablar. Aunque hablamso prácticamente desde el año en estos momentos se vuelve tan difícil que no sabemos hablar, no sabemos que decir. Pero si lo conseguimos la sensación de paz y tranquilidad es fantástica, indescriptible.
Conteniendo la erupción con todas mis fuerzas pero sin ganas de hablar.












